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BARILOCHE.- Parece difícil agrupar artistas en un territorio tan grande como la Patagonia argentina, que ronda los 930.000 km² e incluye seis provincias (Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego y La Pampa). Pero el viento sopla a favor en estos días, y varias iniciativas tienden a lograr lo que parece imposible: que la unión haga la fuerza.

La principal propulsora es la red Cuero, una “organización horizontal, autónoma y afectiva, donde la colaboración es una práctica viva”, repiten sus referentes. Es una red independiente integrada por gestores culturales, artistas, curadores, investigadores, educadores y galeristas, que en su mapeo 2026 contó 76 espacios y 49 gestores de artes visuales contemporáneas, pero esos números están en constante expansión. “Elegimos sostenernos desde la afectividad y la confianza, preservando la libertad y flexibilidad que nos da la autogestión”, explican.

La siguiente noticia es que entre el 13 al 15 de noviembre se celebrará el primer Nodo Patagonia, un programa anual de desarrollo comercial y promoción artística organizado por Meridiano (Cámara Argentina de Galerías de Arte Contemporáneo), que tendrá lugar en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) de Neuquén. El objetivo es potenciar el mercado del arte patagónico, crear nuevos públicos y tender puentes con coleccionistas y profesionales del resto del país.

En ese marco, se anunciará otra buena nueva: la creación de la primera feria de arte de esta región, COPA, que llegará a comienzos de 2027 a la localidad neuquina de Plottier. “Tendrá lugar en un barrio cerrado llamado la Reserva Barrio Botánico, donde está la única casa de estilo rural vasco francés que existe en la zona, y cuenta además con un bosque propio y con un pequeño brazo del río Limay. Esta propiedad va a permanecer abierta al público, como un espacio donde sucedan acciones artísticas y culturales. La feria va a ser en principio exclusivamente para proyectos, galerías y artistas patagónicos”, cuenta la directora, Marianela Tisberger Zuain, también artista. “Hay un movimiento en la Patagonia para empezar a generar un circuito. Estamos necesitando nuclearnos, encontrarnos cuerpo a cuerpo, poder ver nuestra obra, acompañarnos, conversar sobre nuestros procesos y, por supuesto, atraer compradores”, observa.

Uno de los espacios que se abrió para amuchar gente del arte es el hotel Raddison Blu Bariloche, que nació atravesado por el concepto del arte. Inaugurado en septiembre pasado, se propone traer la naturaleza hacia adentro, no como representación, sino como experiencia sensible, y entonces en cada lugar hay arte (pasillos, bares, lobby y ascensores). Todo responde a la idea de Sendero Patagónico, un programa curatorial dirigido por Catalina Swieykowski que invita a artistas de todo el país a realizar exposiciones, cursar residencias (cinco estrellas), participar en encuentros abiertos al público y a realizar instalaciones en “el ojo”, una gran ventana que conecta la vía pública con el Nahuel Huapi, que los vecinos agradecen. “El programa está en diálogo con la comunidad tanto local como regional y funciona como un agente cultural presente la escena artística barriolochense. La ciudad es grande y hace frío, cuesta salir de casa. La escena del arte es mucho más que ir a ver obras: es también encontrarse con otros, hablar del arte, expandir un poco lo que nos pasa. El hotel logra habilitar un espacio donde ese encuentro suceda”, dice Swieykowski.

En marzo se presentaron las instalaciones temporales de Guillermo Mena y Catalina Galdón. En clave poética, Mena hacía visible el viento con tules danzantes y Galdón intentaba contener un lago en un centenar de vasijas de cerámica que cabían en la palma de una mano. Hubo un conversatorio, luego, entre Nicola Costantino y la curadora Mariana Rodríguez Iglesias. Y después, llegó la instalación Montañas de Valeria Conte Mac Donell, similar a la puesta ganadora del Premio Santander 2025, pero con piedras suspendidas por hilos. Se inauguró con la performance Nadeysha, los Diamantes, el Dragón y la Araña, donde interactuaron seres fantásticos, una patinadora, un músico fantasma y una operaria de mameluco. Mientras, el artista en residencia actual, Andrés Belfanti, captura sonidos del fondo del lago y crea piezas sonoras como la que se pudo escuchar en un open studio. Las siguientes muestras estarán dedicadas a la joyería contemporánea, una muestra regional con artistas de Bariloche, San Martín y La Angostura, volverá Costantino con uno de sus banquetes, y el cierre de año será con una ceremonia performática de año viejo con fogoneros y sahumadores del artista Richar De Itatí.

Además del Raddison, en la ciudad hay otros dos hoteles con arte, el NH Suites (con dos muestras al año) y El Casco, donde se ve la colección del recordado galerista Ignacio Gutiérrez Zaldívar. Las habitaciones no tienen número sino el nombre del artista que está en la cabecera de la cama: Juan Lascano, Benito Quinquela Martín, Raúl Soldi o Cesáreo Bernaldo de Quirós.

Daniel De Geatano es artista y preside la Asociación de Artistas Plásticos de Bariloche, que funciona en la encantadora Casa Bachmann, patrimonio histórico de la ciudad. “Tenemos unos 80 artistas asociados, pero en Bariloche hay muchos artistas más. A pesar de tener pocos habitantes, unos 170.000, tenemos seis premios del Salón Nacional. Tenemos muchos artistas de muy buen nivel. Para exponer, solo tenemos esta casa y dos habitaciones en la Dirección de Cultura. No hay un museo de arte contemporáneo”, señala.

Ante esa necesidad, el artista y escritor Pablo Bernasconi y Tania Gatti abrieron en 2021 una galería octogonal escondida en el bosque, pero fácil de encontrar, donde exhibe su obra y la de otros nueve artistas patagónicos, y se realizan actividades culturales, charlas, talleres, y encuentros. “La Rídicula Idea propone un punto neurálgico en Bariloche para encontrarse con arte, poesía y situaciones que vamos generando. Funciona como una usina donde no sólo se exponen obras de artistas patagónicos, sino también suceden cosas como el Festival Internacional del Perro Salchicha: la idea es vincularnos con experiencias que nos hacen bien, que nos nutren, y tratar de encontrarse con algo humano, en esta relación con el presente y la vivencia”, cuenta Bernasconi.

Otra idea para traer calor humano al sistema del arte patagónico es el Club de Coleccionismo Afectivo que creó Bárbara Visconti junto con Pilu Danegger. “Lo lanzamos en noviembre pasado, pensando que existe otro tipo de coleccionismo desde los afectos, la autogestión, los espacios independientes, donde se compra arte local en una red de apoyo. Acá los proyectos duran dos o tres años, no se sostienen en el tiempo. El club es para conocernos más, encontrarnos, hacer charlas y eventos culturales. Los socios pueden hacer un aporte económico que va a un fondito para artistas. Entre los socios se sortea ese pozo, para que compren arte en las subastas que organizamos”, explica. Artista y gestora cultural de Bariloche, comanda la galería Hervidero, que funciona desde 2022 y está en plena mudanza a un espacio más grande en la Ruta 77, número 20213. “El 9 de julio inauguramos con una muestra de Manuela Uzubiaga”, cuenta. Ya tienen más de sesenta socios, a los que entregan un diario de coleccionista y un manifiesto que dice “la obra como depósito de prácticas sensibles, conceptos y afectos que nos hacen bien”. La cuota parte de los 5000 pesos.

Por ahora, hay algunos lugares donde el arte encuentra cobijo en la vastedad del Sur, que son una fortaleza. Néstor J. Confalonieri, por ejemplo, exhibe una muestra individual en el MNBA patagónico, Insuflar la materia, con ocho esculturas y 22 dibujos, en múltiples técnicas y materiales. “Ser artista en la Patagonia a mi criterio se parece a su suelo o paisaje, es overo como los caballos. O sea, manchado y algo irregular, aluvional. Los contrastes son marcados. Hay pequeños oasis que nos convocan donde podemos beber y refugiarnos. La distancia no es un factor menor. Encontrarse, visitarse puede ser difícil. Uno le busca la vuelta para solventar costos. Y estamos fragmentados. Hay múltiples formas. Encuentros de talladores en madera, muestras individuales y colectivas, muralistas fantásticos, municipios fanáticos del cemento y las obras grandes (rápido, sin importar la calidad plástica), escultores en arena, trabajadores del metal y chatarra. Una innumerable variedad, buscando sobrevivir”, analiza. “Miramos de reojo lo que pasa en otros lados, en las grandes urbes. Y como gran parte de la población viene de otro lado, al menos en el origen generacional, las noticias corren, y la novedad nunca está lejos. Tenemos una ventaja: la posibilidad de desobedecer y la proximidad a la naturaleza”, apunta.

Más al sur, Eduardo Guevara, académico delegado en Río Negro de la Academia Nacional de Bellas Artes, informa: “Hay instituciones desfinanciadas que no han podido renovar sus autoridades en cada área con profesionales y desarrollan programaciones precarias como el Centro Cultural Santa Cruz o carecen de coordinación o dirección como el Museo de Arte Eduardo Minnicelli, ambas en Río Gallegos. Y otras funcionando muy bien, por ejemplo en Chubut, como el Centro Cultural de Rada Tilly, un caso único en la región que paga honorarios a los artistas; el Centro Cultural Melipal en Esquel, con una nutrida agenda de actividades y un ejemplo de continuidad, organizando este año el XXVII Salón Municipal de Artes Visuales con proyección patagónica, y el Museo Municipal de Artes Visuales de Trelew, que está trabajando fuertemente en la difusión de los artistas de la región y cuidando su patrimonio. Lo que sí hay en abundancia en la Patagonia son artistas en sus talleres con una producción sostenida y en muchos casos con una relevante actividad docente privada u oficial”. Como en todo el país, talento es lo que abunda.