Algo que no cambió en 15 millones de años: por qué las cosquillas revelan que humanos y simios se ríen casi igual
Una carcajada parece un gesto trivial, casi automático. Aparece en medio de un juego, ante una broma o cuando alguien encuentra el punto justo de las cosquillas. Sin embargo, detrás de ese acto c...
Una carcajada parece un gesto trivial, casi automático. Aparece en medio de un juego, ante una broma o cuando alguien encuentra el punto justo de las cosquillas. Sin embargo, detrás de ese acto cotidiano hay una pista inesperada sobre la historia evolutiva de los humanos. Según un nuevo estudio, cada vez que una persona se ríe está reproduciendo un patrón que comparte con otros grandes simios y que se mantiene, con pocas variaciones, desde hace millones de años.
La investigación fue realizada por un equipo de la Universidad de Warwick, en el Reino Unido, encabezado por la primatóloga Chiara De Gregorio, y publicada en la revista científica Communications Biology. El trabajo analizó el ritmo de la risa en humanos y otros primates para intentar responder una pregunta más amplia: cómo evolucionó la comunicación vocal en nuestra especie y qué huellas quedaron de ese proceso.
Para avanzar en esa dirección, los investigadores recurrieron a una estrategia poco habitual. En lugar de analizar palabras o lenguaje, que no dejan registros fósiles, estudiaron la risa, una forma de vocalización presente en todas las especies de grandes simios actuales. “El lenguaje no deja huellas en el registro fósil, pero la risa sí puede analizarse en especies vivas”, plantean los autores en el trabajo.
El estudio incluyó el análisis de 140 secuencias de risa registradas en distintos contextos de juego. La muestra estuvo compuesta por 13 grandes simios —cuatro orangutanes, dos gorilas, tres bonobos y cuatro chimpancés— y cuatro niños pequeños. Las grabaciones de los animales fueron realizadas en situaciones de interacción relajada y cosquillas con cuidadores, mientras que las de los niños se registraron en entornos domésticos similares.
“Patrón isocrónico”A partir de ese material, el equipo se concentró en un aspecto específico: el tiempo que transcurre entre cada sonido de la risa. El resultado fue consistente en todas las especies analizadas. “Al comparar cómo se ríen distintas especies, podemos ver que una estructura rítmica básica se mantuvo sin cambios desde nuestro último ancestro común”, señalan los investigadores.
Ese patrón compartido consiste en una secuencia de sonidos separados por intervalos regulares, una especie de ritmo que se repite de forma constante durante la risa. En términos técnicos, se trata de un patrón isocrónico, es decir, con tiempos similares entre cada emisión. Esa regularidad aparece tanto en humanos como en chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes.
El hallazgo sugiere que la base de la risa ya estaba presente antes de la aparición del ser humano moderno, en un ancestro común de los grandes simios que vivió hace aproximadamente 15 millones de años. Desde entonces, ese “esqueleto” rítmico se habría mantenido prácticamente intacto, a pesar de los profundos cambios evolutivos que dieron origen a distintas especies.
“Esta estructura rítmica se ha mantenido a lo largo de la evolución de los homínidos”, destacan los autores, que consideran que este patrón compartido ofrece una forma indirecta de mirar hacia el pasado en un aspecto que no suele dejar evidencia directa.
Lo que sí cambióEl estudio también identifica diferencias. Aunque el ritmo básico es similar, la risa humana es más rápida, más variable y se adapta a contextos sociales más complejos. A diferencia de otros primates, las personas pueden modular la risa según la situación: no es lo mismo una carcajada espontánea durante un juego que una risa breve en un encuentro formal o una reacción nerviosa ante una situación incómoda.
Esa capacidad de modulación es, para los investigadores, uno de los puntos más relevantes. “La evolución humana se caracteriza por un aumento en la variabilidad y el control contextual de las vocalizaciones”, indican en el artículo publicado este jueves 25 de junio. Ese mayor control sobre los sonidos es considerado un componente clave en el desarrollo del lenguaje.
El trabajo sugiere que la risa pudo haber sido una de las bases sobre las que se construyeron formas más complejas de comunicación. Al tratarse de una vocalización compartida por todas las especies de grandes simios, ofrece una referencia común para estudiar cómo se fueron desarrollando las capacidades vocales a lo largo del tiempo.
Además de las similitudes entre humanos y otros primates, el estudio también permite comparar la risa con la de otras especies. En animales como las ratas, por ejemplo, las vocalizaciones asociadas al juego existen, pero no siguen el mismo patrón rítmico que se observa en los grandes simios. Esto refuerza la idea de que la risa en primates tiene características específicas que la distinguen dentro del reino animal.
Los autores plantean que este tipo de análisis puede abrir nuevas líneas de investigación sobre la evolución de la comunicación. Dado que no es posible reconstruir directamente cómo se comunicaban los ancestros humanos a partir de restos fósiles, estudiar comportamientos vocales compartidos se convierte en una herramienta clave.
En ese contexto, la risa aparece como algo más que una reacción emocional. Su persistencia a lo largo de millones de años y su presencia en distintas especies la convierten en un indicador de continuidad evolutiva. Un comportamiento que, a pesar de los cambios en el entorno, la cultura y la biología, conserva una estructura que se remonta a un pasado común.
Con información de AP
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